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¿Tiene algo de malo jugar con Pokémon?
Pokémon: significa “monstruos de bolsillo”. Es una popular caricatura japonesa donde el protagonista “Picachu” (un ratón amarillo bonito que lanza descargas eléctricas) lucha con su amigo humano contra otros monstruos pero feos. Son más de mil especies.
El problema es que cientos de esos “pokémons” usan nombres de demonios y, al traducir otros nombres, también son nombres de ángeles caídos en la cosmovisión oriental y católica, o bien, tienen poderes sobrenaturales.
Algunos de esos monstruos son dragones, fantasmas, dioses y entre sus poderes están, por ejemplo, lanzar fuego, tener poderes psíquicos, son pecados capitales (pereza), odio, cumplir deseos, manipular el áurea, energía espiritual, etc.
Uno de estos se llama “Abra, Kadabra”. Otro “Arceus” que es el “creador del universo”. Uno más es “Spiritomb” (formado de 108 espíritus que en el budismo e hinduismo es un número “sagrado”).
Sabemos que los niños al jugar con estos sea con cartas coleccionables, videojuegos, etc. dicen sus nombres y llaman así, sin querer, a espíritus malignos.
Y, peor aún, de acuerdo con la cosmovisión “Pokémon” cada vez que se juega con estos, o se entrena en combates, estos seres o monstruos adquieren más poderes.
Que no nos sorprenda que haya entonces niños fascinados con estos seres que se hagan desobedientes, groseros, etc.










